Tony lo condenan a la horca por matar a su amigo Pietro, que lo pilló con su novia Felipa. A ella le caen veinte años por cómplice. El hijo nace en la cárcel, se lo quitan a los tres años y lo adopta el juez que los sentenció, que ahora es gobernador. Es un drama judicial con toque de culebrón, te engancha por la mala leche del destino.